Si has caminado por la avenida Xola entre Tlalpan y el metro Etiopía, habrás visto unas palmeras enormes que no parecen de aquí. Y es que no lo son: fueron un regalo imperial.
En 1954, Haile Selassie, el último emperador de Etiopía, visitó México en un gesto de agradecimiento histórico — México fue de los pocos países que condenó la invasión de Italia a Etiopía en los años 30. En su honor se nombró la Glorieta de Etiopía, que se inauguró junto con la colonia urbanizada, y el emperador correspondió con palmeras de su tierra que aún hoy dan sombra a la avenida.
El intercambio fue completo: en Adís Abeba, la capital etíope, existe una plaza llamada Mexico Square. Dos países hermanados para siempre en una glorieta de nuestra colonia, donde hoy miles de vecinos toman el metro cada día sin saber que están pisando un pedazo de historia diplomática mundial.
