Hay pocas historias que expliquen mejor el espíritu de la Narvarte que la de El Vilsito. De día, un taller mecánico común sobre Avenida Universidad: coches en rampas, herramientas, aceite. Pero cuando cae la noche, las herramientas se guardan, salen los trompos gigantes de pastor, y el taller se transforma en una de las taquerías más famosas de la Ciudad de México.
La tradición del taller-taquería en esta esquina viene de décadas atrás, cuando el ingeniero Juan Blanco tuvo la idea de poner un puesto de tacos al cerrar su negocio cada noche. El éxito fue tal que la costumbre se quedó para siempre.
La fama mundial llegó con “Las Crónicas del Taco” de Netflix, que le dedicó pantalla a esta joya del barrio, y hasta la guía Michelin la ha reconocido. Pero para los vecinos, El Vilsito siempre ha sido lo mismo: la parada obligada de la madrugada, el punto de encuentro después de la fiesta, el orgullo taquero de la colonia que le dio a la Narvarte su apodo más sabroso: la cuna del taco.
